viernes 8 de mayo de 2009
LA SEXUALIDAD Y EL FUNCIONAMIENTO DE LA DOMINACION
(...)
Desde niñas nos dicen que la regla duele y los partos mucho más. La información que se da es que para dilatar el cuello del útero para que nazca un bebé, hacen falta unas contracciones muy fuertes, y que eso es inevitable que duela. Sin embargo, para Frederik Leboyer las llamadas contracciones de dilatación "inevitables" del parto son algo altamente patológico y no normal:
¿Qué hace sufrir a la mujer que da a luz? ... la mujer sufre debido a las contracciones... unas contracciones que no acaban nunca y que hacen un daño atroz, ¡pero son calambres! todo lo contrario de las "contracciones adecuadas". Qué es un calambre? Una contracción que no cesa, que se crispa y se niega a soltar su presa y, por lo tanto, no "afloja su garra" para transformarse en su contrario: la relajación en la que normalmente desemboca. En otras palabras, lo que hasta ahora se había tomado por contracciones "adecuadas" eran contracciones altamente patológicas y de la peor calidad. ¡Qué sorpresa! ¡Qué revelación! ¡Qué revolución en ciernes!
El parto duele porque los músculos uterinos de las mujeres que crecen con el útero inmovilizado, no desarrollan la capacidad de distensión y la fuerza que debieran tener. Los músculos que no se usan se atrofian y se agarrotan; y viceversa, todo el mundo sabe los entrenamientos constantes y los ejercicios que hace cualquier deportista para desarrollar y mantener a punto su esqueleto muscular. Y también sabemos lo que duele extender un músculo rígido contracturado. Es el dolor que vulgarmente conocemos como "calambre", como dice Leboyer. Y calambres son las "contracciones de dilatación" que tanto hacen sufrir a las mujeres. Algo patológico, no normal. Porque parir, gracias a la represión de la sexualidad de la mujer, a la anulación de su sexualidad desde su infancia es, en efecto, como cavar una zanja con un brazo que hubiese permanecido inmovilizado durante toda la vida hasta ese momento, después de haber vivido sin saber que se tenía ese brazo ni para qué servía; o sea. Fuera de nuestra conciencia; un brazo cuyos músculos, en el momento de coger la azada para cavar, están rígidos y contracturados.
Casilda Rodriganez
sábado 25 de abril de 2009
martes 21 de octubre de 2008
EL ROL DE LA DOULA EN EL PARTO
Cuando los partos ocurrían en la comunidad, y no en hospitales, las mujeres eran constantemente acompañadas por otras mujeres durante el trabajo de parto, parto y postparto.
Al trasladarse los partos al hospital, este importante componente fue eliminado y por mucho años, las mujeres han debido tener sus partos con el apoyo esporádico de diferentes miembros del equipo de salud. Solo en las últimas décadas, se ha ido permitiendo la presencia del padre en el parto, pero ésta aun no es una práctica universal. Aun ahora, son pocas las mujeres que son acompañadas permanentemente por una mujer que le ofrece apoyo emocional continuo.
Existen estudios antropológicos de 128 culturas de cazadores recolectores o agrícolas, donde 127 cuentan con el apoyo emocional de otra mujer durante el parto (Klaus MH, Kennell JH, Klaus, PH, 2002).
La palabra Doula es en griego una mujer que sirve a otra, pero hoy se utiliza para referirse a una mujer experimentada en parto, que acompaña a la futura madre durante el trabajo de parto y parto, ofreciéndole información, y apoyo continuo, en aspecto físico y emocional, sin la responsabilidad del quehacer clínico. Ella observa, evalúa el estado emocional y responde a éste con palabras delicadas, elogia, destaca progresos, sugiere cambios de posición o movimientos, masajea las partes tensas, ofrece sugerencias a la pareja o familiar, ofreciendo un ambiente de intimidad, seguridad y tranquilidad.
El valor de la doula reside en que puede cambiar la percepción de lo que se vive. Se preocupa de que la mujer tenga un buen recuerdo de su parto.
Desde hace más de 25 años, Klaus y cols. (Klaus MH, Kennel JH, Klaus, PH, 2002) han observado e investigado qué ocurre con la presencia de una mujer que ofrezca "apoyo emocional continuo" durante el trabajo de parto y parto. Hasta la fecha se han observado más de 6000 mujeres en 17 estudios randomizados controlados (ERC) que muestran reducción de la duración del trabajo de parto, de la necesidad de anestesia o analgesia, de la incidencia de cesáreas, de la necesidad de aceleración con ocitocina y una mayor incidencia de partos naturales.
La doula ofrece apoyo incondicional, felicitando a la mujer por sus logros, uno a uno, sin juzgar. Se atreve a tocar, sostener, caminar, masajear, según lo que sea cómodo y aceptable a la madre y usa las palabras en forma positiva, con mucha delicadeza y cuidado.
El rol de la doula es solo ofrecer apoyo emocional, estar presente en todas las necesidades de esa mujer para permitirle ser la protagonista en ese momento crucial de su vida de manera que esta sea una experiencia positiva (Valdés V & Morlans X, 2005)
Si bien la literatura muestra toda una gama en la variedad de Doulas, la capacitación de estas se centra en la aceptación incondicional de la mujer, el cuidado con el lenguaje, siempre usando palabras positivas, pudiendo usar técnicas de relajación.
La doula también aprende técnicas para el manejo del dolor como masajes, presopuntura, movimientos que ayudan a la movilización del feto por el canal del parto y manejo del ambiente (nivel de luz, aromas, música). En situaciones con presencia de muchos familiares, es la Doula quien privadamente consulta a la madre si necesita regular las visitas, la que muestra al padre u otros acompañantes cómo ayudar y respetar a la madre (Klaus MH, Kennel JH, Klaus, PH.2002). La Doula se compromete a permanecer con la madre hasta finalizado el parto, independiente del tiempo que dure. Esta certeza le ofrece a la mujer la confianza para vivir el proceso del parto más relajadamente, para poder entrar en un estado de trance hipnótico a través del ritmo y el ritual, situación que favorece la acción de las hormonas del parto.
El rol de la Doula es el de confiar en la naturaleza de la mujer y del parto. Su papel es solo estar ahí, acompañar a la mujer en lo que ocurra, confiando en el equipo de salud, no tomando decisiones, sino solo siendo testigo del evento del parto.
miércoles 17 de septiembre de 2008
El Poder Natural de la Mujer
Por Vicki Noble
“El ejemplo mas obvio de cuánto nos hemos apartado de nuestras raíces orgánicas como comunidad femenina lo constituyen, en nuestra cultura actual, las prácticas relacionadas con los nacimientos.
Las mujeres hemos llegado a creer que no sabemos cómo tener bebés. El hecho nos inspira temor, nos aterroriza, y buscamos la ayuda de los “expertos” para hacerlo bien. Ingresamos en ambientes esterilizados, inhóspitos, alejados de nuestro hogar y nuestra familia, a fin de yacer con los pies levantados para que un técnico extraiga el bebé de nuestro cuerpo. Nos hemos convencido de que, si lo hacemos de otra manera, pondremos en peligro a los niños que traermos al mundo, que los perjudicaremos y apareceremos como unas irresponsables ante nuestros hijos. De modo que, sumisamente, aceptamos los consejos del Médico Todopoderoso y su personal de guardapolvo blanco y, consecuentemente, sobrellevamos en nuestro parto un alto “grado de complicaciones”. Vamos al hospital para hallarnos “seguras”, para ingerir drogas que nos “ayudarán” a hacerlo mejor; seguimos las indicaciones y nos rasuran las partes pudendas, para que al “desgarrarnos” no contaminemos a nuestro hijo.
¿Dónde está el animal que hay en nosotras? ¿Qué se ha hecho de nuestro instinto natural? ¿Cómo imaginamos que han nacido bebés durante todos estos milenios, antes de que inventáramos los hospitales y que los hombres se ocuparan de los partos? Es como si sufriéramos de amnesia; simplemente, no recordamos”.
domingo 7 de septiembre de 2008
Las DOULAS en el Puerperio
Decidí desarrollar institucionalmente la profesión de la “doula” para asistir a las mujeres durante el puerperio (según mi punto de vista, los dos primeros años después del nacimiento del bebé), a domicilio.
Lo que intento es integrar al inconsciente colectivo femenino la necesidad de contar con un apoyo maternante exclusivo para el primer período de la aparición del niño. Para ello, organicé un “Equipo de Doulas”, todas profesionales egresadas de la Escuela de Capacitación de Crianza que realizan visitas a domicilio, asistiendo a las madres puérperas en todo lo relativo a la desestructuración emocional acaecida después del parto.
¿Qué cosas tienen que pasar para que una mujer se anime a solicitar una “doula” a domicilio?
Cosas bastantes comunes: por ejemplo, que sea el segundo día en la clínica después del nacimiento del bebé. O cuando regresa a casa después del parto. Cuando cuatro días más tarde el varón retoma su trabajo. Si se siente indefensa o temerosa por nada en especial. Si el bebé llora mucho y no lo puede calmar. Si tiene cualquier tipo de inconvenientes con los pechos. Si tiene ganas de llorar. Si se siente desconectada e irritable con el bebé. Si se siente sola. Si no sabe a quién hacerle preguntas. Si se angustia. Si no encuentra recursos para sentarse a jugar con sus hijos mayores. Si se culpa por no estar haciéndolo bien. Si está desbordada. Obviamente, si tiene mellizos o trillizos (incluso si cuenta con una nurse, o varias). Si el día es muy largo estando sola. Si no tiene interlocutores que den crédito a sus percepciones. Si los hijos mayores la reclaman desmedidamente cuando se ocupa del bebé. Si las noches se parecen al infierno. Si le diagnosticaron una depresión puerperal. Si las personas que la quieren le recomiendan que retome rápidamente su trabajo para “ponerse bien”. Si el marido llega cada vez más tarde a casa. Si sencillamente está deprimida.
Ahora bien, desde que el mundo es mundo, las mujeres han parido y criado hijos sin “doulas”, y casi todas sobrevivieron. ¿Acaso hay mujeres tan ineptas que sin “doulas” no son capaces de hacer las cosas correctamente? ¿Por qué serían acreedoras de tanto lujo?
En los umbrales del siglo XXI, las mujeres exitosas o simplemente inteligentes creemos disponer de recursos suficientes para atender a un bebé. Cuanto más vivamos en el mundo “yang”, más desértico nos resulta el mundo “yin”. Por eso, una “doula” a domicilio no es un lujo, es una prioridad que todas las mujeres merecemos, ya que un niño pequeño depende del equilibrio emocional de su madre. A lo largo de la historia, las mujeres hemos construido sostenes posibles que nos garantizan suficiente sostén para la crianza de los niños. Ingresar con comodidad en el mundo externo no nos facilita la fusión ni la comprensión de los mundo sutiles. En realidad, estamos más huérfanas que nuestras abuelas en muchos casos. Si bien cada mujer reacciona en forma diferente durante el puerperio, una mujer bien sostenida está en mejores condiciones de sostener a su bebé.
La “doula” interpreta la experiencia interior de cada madre, avalando todos los cambios invisibles y traduciendo al lenguaje corriente la experiencia del puerperio. No se trata de ayudar con el bebé, ni de ofrecer buenos consejos, sino de acompañar la zambullida en el universo “yin”.
Desde ya, también espero que el oficio de “doula” ingrese en el inconsciente colectivo femenino. Que las mujeres “sepamos” después de parir que merecemos naturalmente llamar y solicitar una “doula” a domicilio, para que nos abra las puertas de los Misterios de la Maternidad y despierte en nosotras la intuición ancestral, la sabiduría y el regocijo de la transformación.
La “doula” representa de esta manera al arquetipo de “La Gran Madre”. Su principal función es la de maternar a la madre para que, entonces, pueda maternar a su hijo. Creo que las “doulas” como institución, pueden convertirse en un sostén fundamental para las mujeres del siglo XXI.
Extraído del libro PURPERIOS Y OTRAS EXPLORACIONES DEL ALMA FEMENINA, pág. 113, Capítulo 5 - Las "Doulas"
viernes 8 de agosto de 2008
SOBRE AMAMANTAR Y FLUIR...
La mayoría de las madres que consultamos por dificultades en la lactancia estamos preocupadas por saber cómo hacer las cosas correctamente, en lugar de buscar el silencio interior, las raíces profundas, los vestigios de femineidad y apoyo efectivo por parte de los individuos o las comunidades que favorezcan el encuentro con su esencia personal.
La lactancia es manifestación pura de nuestros aspectos más terrenales y salvajes que responden a la memoria filogenética de nuestra especie. Para dar de mamar sólo necesitamos pasar casi todo el tiempo desnudas, sin largar a nuestra cría, inmersas en un tiempo fuera del tiempo, sin intelecto ni elaboración de pensamientos, sin necesidad de defenderse de nada ni de nadie, sino solamente sumergidas en un espacio imaginario e invisible para los demás.
Eso es dar de mamar. Es dejar aflorar nuestros rincones ancestralemente olvidados o negados, nuestros instintos animales que surgen sin imaginar que anidaban en nuestro interior. Es dejarse llevar por la sorpresa de vernos lamer a nuestros bebés, de oler la frescura de su sangre, de chorrear entre un cuerpo y otro, de convertirse en cuerpo y fluidos danzantes.
Dar de mamar es despojarse de las mentiras que nos hemos contado toda la vida sobre quienes somos o quienes deberíamos ser. Es estar desprolijas, poderosas, hambrientas, como lobas, como leonas, como tigresas, como canguras, como gatas. Muy relacionadas con las mamíferas de otras especies en su total apego hacia la cría, descuidando al resto de la comunidad, pero milimétricamente atentas a las necesidades del recién nacido.
Deleitadas con el milagro, tratando de reconocer que fuimos nosotras las que lo hicimos posible, y reencontrándonos con lo que haya de sublime. Es una experiencia mística si nos permitimos que así sea.
Esto es todo lo que necesitamos para poder dar de mamar a un hijo. Ni métodos, ni horarios, ni consejos, ni relojes, ni cursos. Pero sí apoyo, contención y confianza de otros (marido, red de mujeres, sociedad, ámbito social) para ser sí misma más que nunca. Sólo permiso para ser lo que queremos, hacer lo que queremos, y dejarse llevar por la locura de lo salvaje.
Esto es posible si se comprende que la psicología femenina incluye este profundo arraigo a la madre-tierra, que el ser una con la naturaleza es intrínseco al ser esencial de la mujer, y que si este aspecto no se pone de manifiesto, la lactancia simplemente no fluye. No somos tan diferentes a los ríos, a los volcanes, a los bosques. Sólo es necesario preservarlos de los ataques.
Las mujeres que deseamos amamantar tenemos el desafío de no alejarnos desmedidamente de nuestros instintos salvajes. Lamentablemente solemos razonar y leer libros de puericultura, y de esta manera perdemos el eje entre tantos consejos supuestamente “profesionales”.
La insistencia social y en algunos casos las sugerencias médicas y psicológicas que insisten en que las madres nos separemos de los bebés, desactiva la animalidad de la lactancia. Posiblemente la situación que más depreda y devasta la confianza que las madres tenemos en nuestros propios recursos internos, es esta creencia de que los bebés se van a malacostrumbrar si pasan demasiado tiempo en nuestros brazos. La separación física a la que nos sometemos como díada entorpece la fluidez de la lactancia. Los bebés occidentales duermen en los moisés o en los cochecitos o en sus cunas demasiadas horas. Esta conducta sencillamente atenta contra la lactancia. Porque dar de mamar es una actividad corporal y energética constante. Es como un río que no puede parar de fluir: si lo bloqueamos, desvía su caudal.
Contrariamente a lo que se supone, los bebés deberían ser cargados por sus madres todo el tiempo, incluso y sobre todo cuando duermen. Porque se alimentan también de calor, brazos, ternura, contacto corporal, olor, ritmo cardíaco, transpiración y perfume. La leche fluye si el cuerpo está permanentemente disponible. La lactancia no es un tema aparte. O estamos madre y bebé compenetrados, fusionados y entremezclados, o no lo estamos. Por eso, dar de mamar equivale a tener al bebé a upa, todo el tiempo que sea posible. No hay motivos para separar al bebé de nuestro cuerpo, salvo para cumplir con poquísimas necesidades personales. La lactancia es cuerpo, es silencio, es conexión con el submundo invisible, es fusión emocional, es entrega.
Dar de mamar es posible si dejamos de atender las reglas, los horarios, las indicaciones lógicas y si estamos dispuestas a sumergirnos en este tiempo sin tiempo ni formas ni bordes. También si nos despojamos de tantas sillitas, cochecitos y mueblería infantil, ya que un pañuelo atado a nuestro cuerpo es suficiente para ayudar a los brazos y las espaldas cansadas. Incluso si trabajamos, incluso si hay horas durante el día en que no tenemos la opción de permanecer con nuestros bebés, tenemos la posibilidad de cargarlos en brazos todo el tiempo que estemos en contacto con ellos.
Es verdad que hay que volverse un poco loca para maternar. Esa locura nos habilita para entrar en contacto con los aspectos más genuinos, inabordables, despojados, salvajes, impresentables, sangrantes de nuestro ser femenino. Así las cosas, que nos acompañe quien quiera y quien sea capaz de no asustarse de la potencia animal que ruge desde nuestras entrañas.
Laura Gutman
lunes 4 de agosto de 2008
En el puerperio
*En la clínica después del nacimiento.
*Al regresar a casa después del parto.
*Cuando el varón retoma su trabajo.
*Si me siento indefensa o temerosa.
*Si el bebé llora mucho y no lo puedo calmar.
*Si tengo inconvenientes con los pechos.
*Si tengo ganas de llorar.
*Si me siento desconectada e irritable con el bebé.
*Si me siento sola.
*Si no sé a quién hacerle preguntas.
*Si me angustio.
*Si no me puedo sentar a jugar con mis hijos mayores.
*Si me culpo por no estar haciéndolo bien.
*Si estoy desbordada.
*Si tengo mellizos o trillizos (incluso si cuento con una nurse).
*Si el día es muy largo estando sola.
*Si no tengo interlocutores que den crédito a mis percepciones.
*Si mis hijos mayores me reclaman desmedidamente cuando me ocupo del bebé.
*Si me diagnosticaron una depresión puerperal.
*Si sencillamente estoy deprimida.
Extraído de la página de Crianza.
lunes 21 de julio de 2008
"En un mundo donde la mujer está integrada en su entorno natural, nace el bebé como un orgasmo"
Muriel Bonnet es la autora de "El nacimiento, un viaje. El parto a través de los pueblos".
*El dolor es consecuencia de la actual "cultura del miedo" impuesta por el sexo masculino.
*Durante 25 años recorrió el mundo para observar cómo se da a luz en las distintas culturas.
*"El parto en verdad está ligado al corazón, dar a luz es algo sagrado, como hacer el amor".
El parto es un acto violento, pero no tiene por qué ser doloroso, aseguró la escritora francesa Muriel Bonnet, quien opinó que el dolor es consecuencia de la actual "cultura del miedo" impuesta por el hombre.
La autora de "El nacimiento, un viaje. El parto a través de los pueblos" explicó que el miedo produce adrenalina, que pone en tensión a las mujeres, por lo que se endurece el músculo del útero y eso genera el dolor.
Acusó a los hombres de imponer el mundo masculino de fuerza sobre el femenino y dijo que esta dominación está causada, a su vez, por el miedo "al poder de la diosa de la creación".
"Es una lucha de poder. Los hombres quitaron a la partera su poder natural de ayudar a sus hermanitas, a sus hijas, a dar a luz y ahora las mujeres tienen que luchar para retomar su derecho natural de apoyar a las otras mujeres para dar a luz", sostuvo.
Cuando el mundo femenino recupere su lugar habrá equilibrio entre hombres y mujeres, aseguró Bonnet, quien durante 25 años recorrió el mundo para observar cómo se da a luz en las distintas culturas.
No hay que dominar al hombre
Aclaró, sin embargo, que no se trata de dominar al hombre, sino de que este ocupe su rol de compañero de la mujer y que la apoye, y que ambos se den la libertad que les corresponde.
Bonnet recordó su primer parto, cuando tenía 23 años, como algo envuelto en una nube de temor e ignorancia, durante el cual usó la epidural, los fórceps y el parto común en el hospital, porque no conocía otras opciones.
Relató que su segundo alumbramiento fue de mellizos y a "cuatro patas", lo que rememoró como una experiencia más sencilla, natural y agradable.
"En otras culturas, el parto no cuesta tanto trabajo, es algo simple", señaló.
Por ello buscó a parteras basadas en la trasmisión familiar ancestral de conocimientos en México, la Amazonía, Canadá, Europa, África o la India.
Dar a luz es algo sagrado
"El parto en verdad está ligado al corazón, dar a luz es algo sagrado, como hacer el amor, pero en la sociedad actual nos olvidamos", explicó.
"En un mundo donde la mujer está integrada en su entorno natural, nace el bebé como un orgasmo", indicó, tras señalar que a través de las mujeres "pasa toda la energía de la vida".
Las mujeres jóvenes sienten esa fuerza que les causa "envidia y miedo", y de ahí nace la enemistad entre suegras y nueras, cuando, según explicó, no debería ser así, ya que "si tienen buenos hombres es porque su mamá ha hecho un buen trabajo".
"Hay que reflexionar sobre cómo queremos que nazcan nuestros hijos y cómo queremos que los reciba el mundo", concluyó le escritora.
Nota extraída de acá.
martes 12 de febrero de 2008
¿Por qué es tan difícil parir en una institución?
{mosgoogle right} Las contracciones tienen que aumentar en intensidad y el cuello del útero se tiene que abrir de manera metódica y oportuna, y que luego hay que expulsar los contenidos del útero de manera predecible, sin molestar a nadie, excepto, probablemente, a la madre. ¡EMPUJA! ¡EMPUJA! ¡EMPUJA! A una mujer se le grita si no se corre, perdón, si no saca al bebé lo suficientemente rápido. Esta idea de “rapidez” proviene del ideal masculino del parto –y todas sabemos que “masculino” y “rápido” suelen ser sinónimos–.
La mayoría de las veces y para la mayoría de los hombres, el orgasmo masculino es, con perdón, muy predecible. Pum, pum, pum, pum, más y más rápido: hasta que ¡Pop!, termina. En cambio el orgasmo femenino es mucho más rico: girando cíclicamente y en espiral hasta llegar al éxtasis, las sensaciones de la mujer disminuyen o se intensifican por lo que siente en su interior. Algunas veces, es rápido e intenso; otras, serpentea sonoramente. Los ritmos orgásmicos de cada mujer son intrínsecos, y diferentes a los de las demás mujeres, e incluso la misma mujer jamás tendrá dos orgasmos iguales. Y es que hay demasiadas variables implicadas: ¿se siente sexy? ¿Puede pensar en una fantasía detalladamente erótica o lo suficientemente simple para brindar estimulación intelectual hasta lograr la satisfacción? ¿Le agradan los olores a su alrededor? ¿Desea escuchar música? ¿Se siente bien, o tiene hambre? ¿Tiene ganas de ir al baño? ¿Están sus uñas muy afiladas? ¿Entrará alguien sorpresivamente a la habitación? Para los hombres, los orgasmos tienden a ser mucho más sencillo (hay que meterla, meterla) de conseguir en la vida.
El problema está en que los hombres tienden a culpar a las mujeres por no alcanzar el orgasmo tan rápido como ellos, se apresuran a etiquetarlas de sexualmente “disfuncionales” y a decir que necesitan estimulantes artificiales o terapia. Peor aún, si no pueden llevar el mismo ritmo que sus amantes masculinos, muchas mujeres terminan creyendo que eso es cierto.
Esta situación es comparable al parto: cada nacimiento, cada ocasión, cada mujer, es siempre algo único. Algunas veces rápido e intenso; otras veces, lento y sosegado. Cada nacimiento sigue su propio programa intrínseco. Sin embargo, si en un hospital una mujer no da a luz lo suficientemente rápido, su trabajo de parto es considerado errático y se piensan que necesita fármacos o manipulación. Le hacen sentir que no sabe parir, que es “disfuncional”, pues no puede seguir el ritmo que se espera. Nuevamente, existen muchas variables involucradas: ¿Le pareció a la mujer que la enfermera que le hizo el examen pélvico estaba disgustada con ella? ¿Fue muy brusco su médico, estaba muy apresurado? ¿Conoce ella a este médico? ¿Su compañero sale a fumar a cada rato? ¿Está incómoda? ¿Está inmovilizada por estar atada a un monitor fetal electrónico o a un gotero intravenoso? ¿Está cansada? ¿Tiene hambre? ¿Es la habitación muy pequeña? ¿Huele mucho a hospital?. Todo esto interfiere con su parto distanciándolo de la esperada manera prefijada y metódica.
En vez de reconsiderar lo apropiado o conveniente de la institución en la cual está tratando de dar a luz, la mujer tiende a sentirse culpable por su arrítmico trabajo de parto, y acepta toda la parafernalia del personal hospitalario para el parto: gel de prostaglandinas, oxitocina sintética, drogas que alteran la conciencia, epidural, nacimiento quirúrgico –fórceps, cesárea–.Si el compañero está acostumbrado a pensar que el cuerpo de su mujer no funciona como sería de esperar, tolerará y consentirá cualquier intervención que se realice para que el parto sea más predecible; incluso presionará a su amada con el fin de convencerle de la habilidad del hospital para salvarla de su defectuoso cuerpo femenino.
Las similitudes continúan. Si mientras hace el amor alguien molesta repetidamente a una mujer, mirandola fijamente su rostro y su cuerpo y instándola impacientemente a que tenga un orgasmo, seguro que no lo tendrá. Lo más probable es que se cierre y se sienta desolada e incompetente. Si una mujer no se siente sexy, no puede tener un orgasmo. Ni siquiera el hombre mejor dotado ni el mayor vibrador zumbando implacablemente en su clítoris harán que una mujer llegue al clímax, a menos que la mujer se olvide de su ser exterior y “sueñe” que llega. Si una mujer siente que su pareja se quedará viendo su papada o sus brazos rechonchos mientras está en medio del éxtasis, no se abrirá al éxtasis. Si una mujer se siente físicamente insegura (por ejemplo, el hombre que la acompaña la amenaza o se muestra hostil hacia su sexualidad femenina), no dejará a su compañero ver su yo íntimo, aunque podría fingir. Y es que es muy arriesgado ponerse en una posición tan vulnerable.
Volviendo al parto: si una mujer no se siente lo suficientemente segura físicamente para dar a luz, si le observan y le tocan continuamente, si ve mesas llenas de tijeras, agujas y fórceps, si le dicen que no puede tener un parto sin intervenciones doloras y peligrosas, no hay manera de que dé a luz; está más allá de su control consciente. Sabe que el ambiente donde está no es seguro para parir: no puede dejar que su bebé salga si ella está muy estresada o herida para cuidarlo. No puede dejarle salir si no tiene la certeza de que estará a salvo en el mundo externo: ve “el carrito de torturas” esperándole; sabe que hay gotas para los ojos esperándolo; un equipo de resucitación que pinchará sus pulmones ; sabe que su hijo será examinado con frialdad y que será alejado de ella, y que los mantendrán separados siguiendo el protocolo del hospital. Sabe que hay extraños esperando para incomodarlo y observarlo. Es un sitio donde cortan los penes de muchos bebés. En su interior sabe que no le puede dejar salir. Por eso detiene su trabajo de parto, pero el hospital sí que sabe cómo sacar al niño a la fuerza, y robarle su parto. Seguramente luego le dirán que el hospital es el sitio más seguro para dar a luz.
Las similitudes continúan. La oxitocina, liberada por la glándula pituitaria en la base del cerebro, y que se libera más fácilmente en la oscuridad, es la hormona con mayor responsabilidad en el parto; también es la hormona encargada del orgasmo. Cada mujer tiene la capacidad secreta de abandonarse,dejarse llevar: en su interior, tiene la sabiduría que le llevará libremente a su sensualidad más dulce, y que le hará flotar exquisitamente en sensaciones orgásmicas. Puede sentir con sus manos cuán bello y cuán sexy intrínsecamente es su cuerpo, y explorar sus curvas secretas con un espejo o su mente. He descubierto que la mejor parte de mis partos llega cuando estoy llena de sensaciones, y estas maravillosas sensaciones provienen directamente de la oxitocina. Dulce oxitocina: amor a tu hijo, sexo, parto, risa, alegría, cálida compañía, amamantar; todos el mismo amor, todos la misma oxitocina…dejarnos llevar por este río hormonal asegura los mejores orgasmos y los mejores partos.
Nuestros mecanismos de supervivencia son sumamente inteligentes; hemos creado, o desarrollado, tal belleza y complejidad alrededor de algo tan sencillo como el parto porque –estoy convencida– tenemos una gran inversión en el futuro de nuestros hijos, tanto en tiempo como en recursos. Tenemos que dar tanto a nuestros hijos, tan infinitamente, día tras día, que debemos “amarlos” tanto como nos sea posible: debemos sentir el ímpetu familiar de la oxitocina; debemos obtener tanto placer de nuestros hijos como sea posible (no erótico, aunque parezca confuso, el amor maternal y el amor de pareja son muy similares químicamente). Es lógico que el mayor ímpetu de hormonas suceda en los primeros días, durante nuestros partos, y cuando los bebés nos necesitan más que nunca. Por eso es criminal destrozar médicamente el parto y separar a una madre de su bebé: se pone en peligro la relación madre e hijo para siempre. En este aspecto, somos bastante únicos, muchos otros animales simplemente excretan a sus crías y siguen con su vida, cuanto antes mejor.
Necesitamos ese rico flujo de hormonas; son una prueba de amor en la sangre. Las muestras tomadas en los humanos en diversos estados de éxtasis revelan niveles sumamente elevados de oxitocina en relación directa con la profundidad de las sensaciones de éxtasis. Necesitamos un éxtasis explosivo de amor animal para apegarnos a nuestra cría, y sentirnos obligadas a cuidar de ella.
Sin embargo, en nuestra cultura tecnológica occidental, se nos dice que hagamos caso omiso a la intensidad de nuestra propia fisiología. Somos animales sociales, y nos vemos obligados a creer lo que nos dicen los “expertos”. Nosotras, como mujeres, le preguntamos a nuestra sociedad qué se espera de nosotras (principalmente reprimir explosiones extasiadas de amor animal), y accedemos para calmar a todos los que nos rodean. Se espera que seamos “buenas chicas” y que no nos quejemos mucho, especialmente sobre el sexo chapucero y los partos terribles. Se nos convence de que las mujeres que tienen orgasmos múltiples y partos sensuales son auténticos “bichos raros”.
Somos inmaculadas y patéticas en nuestra ignorancia. Nos dan biberones de este saber popular cultural tóxico, y transponemos nuestro idealismo infantil en los individuos y las instituciones a quienes confiamos nuestro cuidado pre, peri y posnatal. La mujer, cuando tiene a su primer bebé, corre al hospital, y confía que sus médicos le cuidarán, y le tratarán tan gentil y compasivamente como sea posible; su parto idealizado es como una postal de una tarjeta de felicitaciones. Sin embargo, obtiene lo que la mayoría de las mujeres modernas que tienen a su primer bebé en un hospital: inducción, fórceps, epidural; y se convierte en otra víctima de la ignorancia y la mentira que termina por perpetuar las historias de partos de horror donde “se ha hecho daño”. El resto de las mujeres que van a tener a su primer bebé piensan que nunca les pasará a ellas.
Lo mismo sucede con su primer amante, con la famosa frase: “¿eso es todo?”. Ella esperaba que él conociera automáticamente todos sus puntos secretos, pero al final descubrió que el éxtasis se alcanza mejor sola.
¡Sola! Los orgasmos de las mujeres florecen más libremente cuando se logran lejos de interferencias y espectadores no bienvenidos. ¿No tiene lógica que suceda lo mismo con nuestros partos? El parto es fácil y digno de confianza. Es tan fácil como empujar a nuestros bebés para que salgan y luego irnos a dormir. Y aunque sea lógico pensar mucho en él y dedicar mucha energía para obtener los mejores partos para nosotras, no es lógico pensar que nuestros partos requieren de muchos equipos médicos incisivos yuxtapuestos desesperadamente, y de un ansioso personal de asistencia al parto mal equipado. La parafernalia hospitalaria distrae del parto mismo.
Los cuerpos de las mujeres no necesitan todas estas intromisiones. Creer lo contrario es como pensar que no se puede lograr un orgasmo sin tener el mayor vibrador, el consolador artificial más grueso, la más pervertida revista porno, y el hombre más caliente para ligar. En realidad, para la mayoría de las mujeres, la mayoría de las veces, cuanto más sencillo, mejor. Los artilugios exagerados distraen del sexo mismo.
¿Conclusión? Todos los que se excitan con los partos hospitalarios son unos pervertidos. Porque el equipo hospitalario que interfiere con el parto realmente puede ser tan incongruente, escandaloso y erróneo como los juguetes sexuales; y los médicos que se empeñan en complicar el parto con sus equipos de alta tecnología agresiva e implacable no son más que pervertidos egocéntricos y patéticos. Las mujeres simplemente no los necesitan. El parto es increíblemente sencillo: una apertura privada, oscura y secreta de nuestro ser sexual ancestral. El parto no necesita manipulaciones perversas.
Los bebés sí salen –lo queramos o no-, simplemente salen porque necesitan hacerlo. Es mucho más sencillo y más placentero dejar que nuestros bebés nazcan en la intimidad y con alegría, que con inseguridad mecanizada y dolorosa.
Por Leilah McCracken.
Traducción al español: Andrea Anguera, elpartoesnuestro.org
lunes 21 de enero de 2008
Evidencia
. 50% menos de cesáreas
. 25% menos de tiempo de trabajo previo al parto
. 60% menos de demanda de peridural
. 30% menos de uso de analgésicos
. 40% menos de uso de fórceps
Datos extraidos de 'The Doula Book : How a Trainer Labor Companion Can Help You Have a Shorter', Easier and Healthier Birth Segunda edicion, por Marshall, Phyllis Klaus and John Kennell (Perseus Press, 2002)
jueves 29 de noviembre de 2007
miércoles 31 de octubre de 2007
lunes 22 de octubre de 2007
viernes 28 de septiembre de 2007
El parto es un evento de salud y es un proceso fisiológico y natural.
Capacitación Doulas de Argentina
Casilda Rodrigáñez.

